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Un clásico entre los clásicos: el Far West

Algunos viajes nos permiten desarrollar nuestra creatividad. Otros menos. El periplo que les hemos montado para este descubrimiento del oeste americano, es al consultor de viajes, lo que la camisa con gemelos al sastre. Una camisa no tiene glamour, pero lo cierto, aunque nos pese, es que algunas piezas clásicas hay que tener como “fondo de armario”. Similarmente, algunos viajes son, más o menos, inevitables.

Uno puede prescindir de Yosemite, aunque ello le granjee la enemistad de los familiares sureños del simpático oso Yogui. Uno puede prescindir de conocer San Francisco y se perderá un icono de nuestra civilización global. Uno puede, fácilmente, prescindir también de Death Valley y Monument Valley, porque los ha visto filmados hasta la saciedad en los más trepidantes westerns. Y uno puede (e incluso puedo insinuar que debe) perderse Los Ángeles o Las Vegas. Pero el conjunto es difícil de obviar. ¿Quiere usted que en su epitafio se diga que no conoció nada de eso?

El hilo conductor del viaje es el remoto oeste, antes conocido como “Far West”. Pero entendido en sentido geográfico, porque lo cierto es que no recuerdo ninguna película del oeste con la bahía de San Francisco al fondo. Y no será porque no sea el oeste más lejano de los EEUU.

Este recorrido por el oeste americano es un viaje ciudad-campo-ciudad, aceptablemente adaptado a grupos familiares para los que conseguir que los “niños” estén contentos es más importante que comer y cenar caliente cada día. Y es un recorrido extenso (aunque como siempre puede acortarse para usted).

Como entrante, una amplia ración de San Francisco, un éxito seguro para todos -mayores, muy mayores, y niños- si no han estado antes allí. San Francisco es una ciudad en la que puede pasar y verse de todo, pero al final la conclusión es inequívoca: les gusta, o bien, les gusta.

Seguimos con un paseo por los alrededores de la ciudad (pida el texto de nuestra propuesta para estos alrededores en nuestro “cinco días en San Francisco). Pasamos a saludar al amigo Yogui y nos encaminamos al espléndido pero “megaturístico” (en lenguaje de la última generación) Gran Cañón. Lo haremos tomando base (casi obligada) en Las Vegas, ciudad heredera directa de la tradición Bíblica de Sodoma y Gomorra pero que, con la oportuna asepsia, se puede ver.

Unos cuantos parques más y salimos de EEUU por Los Ángeles y San Diego. De Los Ángeles solo podemos decirle que todo lo malo que se dice de ella es verdad. Pasee por allí lo imprescindible, pero no deje de visitar Hollywood y San Diego,  un lugar de semijubilación de profesionales del máximo nivel. Y las cosas, como todos los viejos sabemos, son por algo.