Llámenos

Montañas de hielo polar (Groenlandia)

Ya saben como nos gusta a los consultores de viajes escenificar los itinerarios. Siempre hay algo que es “lo más grande” o “lo más bonito” o “lo menos…” En este caso estamos ante la isla más grande del mundo, (si no contamos el continente australiano como tal). De ella surgen la mayoría de icebergs del hemisferio norte.

Estamos ante una gigantesca factoría de hielo al por mayor. Tal vez por eso cuando uno ve su costa occidental nunca se olvida que el nombre de la pequeña ciudad de Ilulissat significa “Icebergs” en groenlandés. Como en todo país nos encontramos con paisajes y cultura. Los primeros ya se los esperan. La cultura autóctona inuit (como les gusta denominarse, y no esquimal como son habitualmente conocidos por nuestros lares) es ante todo descriptiva, ofreciendo un buen combinado con su naturaleza virgen y salvaje. Para muestra, un botón. Las distancias en Groenlandia se miden en “sinik” (“sueños”), o sea, en el número de pernoctas que dura un viaje. No puede decirse que realmente sea una distancia porque, según el tiempo y la estación del año, el número de sinik puede variar. Tampoco se trata de un concepto temporal.

La cultura inuit tiene una manera diferente de entender la vida. Es normal en un lugar donde la mitad del año es prácticamente de día y la otra de noche. Aquí conceptos como “tiempo” o “lugar” rayan el surrealismo. La vida “on ice” o “on the rocks”, como prefieran.

Los paisajes, como puede imaginarse el lector, son espectaculares. En particular porque hemos enfocado el viaje hacia los tramos de costa más extremos. El inconveniente es que eso nos supone tres desplazamientos internos en avión (las distancias son casi australianas), y un régimen de vida de altos vuelos (costes) porque en esas zonas todo menos el pescado y el hielo es de importación. Súmele a esto unas excursiones selectas y un paseo en helicóptero y el viaje suma un dinero.

Bueno, bonito y barato no siempre es posible.